miércoles, 12 de mayo de 2010

Peliculas ñoñas.

Hay veces que es necesario, e incluso sano, permitirse el lujo de ver una de esas películas prototípicas, de esas "americanadas", ñoñas todas ellas. Y no sé si por casualidad, o masoquismo, solemos elegir ese vital momento en las peores circunstancias. Te enchufas una de esas en las que "chico conoce chica, todo se enreda, final feliz". Y, al acabar, interiormente te debates entre la felicidad de la historia ajena y la amargura de la propia. Y terminas, irremediablemente, autocompadeciéndote de la tuya y engullendo desenfrenadamente un paquete de galletas de chocolate mientras, absorbiendo todavía los mocos, te preguntas, simplemente, ¿por qué...?

Y es entonces cuando la discusión interna gira en torno a lo aprendido (porque se aprenden cosas en estas películas, te lo aseguro) y a lo que aún queda por aprender. Te quedas con esa frase de la protagonista 'la tristeza es lo fácil, es rendirse', pero TU protagonista sigue chillando 'me has estado llenando para ahora volver a sentirme vacía, perdida'.

¿Con qué te quedas?