No he sabido nunca cuánto daba la suma de dos personas, ni si el resultado sería positivo, negativo o neutro. Nunca fue neutro. No conozco la estabilidad, mucho menos la neutralidad. Sólo sé vivir al límite cada instante, cada comienzo, cada ruptura, cada final. Me he enamorado y he resucitado. Sí, con ojeras y más cansada de lo normal. No sé tomarme las cosas con calma, y mucho menos controlar las situaciones. Todo se me escapa de las manos, mi vida también. Pero me he acostumbrado al riesgo.
¡A arriesgarlo todo!

